El Alamín, Madrid Junio 2026

40º14’09.98″ N // 4º18’25.33″ O

Equipo utilizado:

Cámara Mamiya ZM – Objetivo 28 mm. f/3.5 con filtro polarizador – Película Kodak Portra 160 de 135 mm. Luz Natural.

18 de junio de 2026.

Visito el pueblo «fantasma» del El Alamín. Es el primer reportaje sobre mi proyecto «Pueblos abandonados», que tenía aparcado desde hace bastante tiempo y que ha llegado la hora de retomar. El Alamín, es un pueblo abandonado desde el año 2000 aproximadamente. Está en el extremo suroeste de la Comunidad de Madrid, a orillas del río Alberche, escondido entre los campos de Villa del Prado.

En los años 50, a finales, como asentamiento para los trabajadores de la finca, fue construido y fundado por el Conde de Ruiseñada, aunque fue el Marqués de Comillas el dueño real del pueblo tras la muerte repentina del Conde.

Este pequeño pueblo, perteneciente al término municipal de Villa del Prado, llegó a tener servicios como, una iglesia, una escuela, un bar, la oficina de correos y una peluquería. Pero en esos 50 años, la decadencia agrícola hizo que sus 150 habitantes abandonaran progresivamente las 40 casas, buscando un futuro en otros lugares.

Como todo pueblo abandonado, siempre hay alguna historia que contar, que verdad o ficción, no deja de sorprender. Y es que este pueblo con tan pocos habitantes, tiene dos historias que paso a relatar:

Se dice que, sin causa aparente, ha aparecido muertos perros, ovejas y pastores, pero la más impactante es la del cura de la parroquia que se ahorcó después de asesinar a una monja con la que tenía relaciones sexuales y tuvieron un hijo. Parece ser que los hechos ocurrieron en el interior de la iglesia que disponía de vivienda. También se cuenta que una pareja tras contraer matrimonio, en la noche de bodas aparecieron muertos en su casa.

Se dice que desde entonces, sus espíritus, se aparecen por las calles y en la iglesia, pudiéndose grabar, entre los escombros, algunas psicofonías.

Verdad o no, cuando yo llego al pueblo y saco mi cámara para realizar mi reportaje fotográfico, al llegar a la iglesia y pasar al interior, me produjo unos escalofríos difícil de explicar, como que allí se respiraba un ambiente un tanto extraño. En el interior hice una fotografía, y sinceramente, no salió como esperaba. Al utilizar película, la imagen obtenida fue borrosa. Al disparar, el fotómetro me daba la medición perfecta y no entendí que había pasado. Vean ustedes el resultado:

Cuando sales de El Alamín, uno se percata de que ha realizado un viaje al pasado y que uno de los aspectos más intrigantes es que es un atractivo para los amantes de lo paranormal, aunque no haya evidencias científicas que revele estas leyendas, la desolación y el abandono crean un ambiente idóneo para la exploración urbana, como en mi caso, y en la búsqueda de fenómenos inexplicables.

Todas las fotografías en el siguiente enlace: