Dolmen Prado de Lácara

Dolmen Prado de Lacara, Badajoz

La tarde del 20 del junio de 2018, dos amigos; Antonio López Abad y yo, decidimos pasar la noche, aprovechando el solsticio de verano, junto a un dolmen.

Días atrás habíamos investigado qué monumento megalítico de la península ibérica era el que más nos convenía visitar por su situación geológica y por el estado de conservación en que se podía encontrar. Finalmente nos decantamos por el de Prado de Lacara, en la provincia de Badajoz y a escasos kilómetros de Mérida, Emérita Augusta, en tiempo de los romanos cuando la fundaron en el 25 a. C.

La señal del GPS indicó un giro de 90º a la izquierda, justo donde un panel informativo señalaba la proximidad del monumento megalítico.

Cogimos un camino sin asfaltar hasta llegar a una barrera metálica y unas rocas enormes que impedían seguir avanzando, teniendo que dejar el vehículo estacionado en un lateral del camino oculto en la vegetación y que pasaría desapercibido desde la carretera.

Con nuestras cámaras colgadas del cuello, avanzamos a pie por el sendero señalizado hasta llegar al conjunto de piedras gigantes, sin duda, aguardaban nuestra llegada.

Su estado no se aprecia a simple vista, muy deteriorado a pesar de la maleza que cubría parte del corredor principal debido a la abundante lluvia que había caído durante la primavera.

Una gran piedra se encuentra bloqueando la entrada principal, que se colocó para sellar el acceso una vez que se dejó de utilizar cuando se daba sepultura a las personas junto con su ajuar.

Entrada por el corredor a la cámara

*1. “Tiene un vestíbulo principal de unos seis metros de largo y ahí se realizaban los ritos y ceremonias a sus antepasados.

Seguido, hay un corredor de techo bajo y de nueve metros de largo en dos tramos y separados por una especie de jambas y desde allí se accede a la cámara funeraria que es de planta octogonal y tiene unos cinco metros de diámetro. El techo se eleva a más de cuatro metros de altura donde se dejaría al difunto con sus pertenencias y en posición fetal.

Esta tumba, posiblemente, se utilizó durante un largo periodo, un milenio, que va desde el Neolítico hasta el Calcolítico final. A pesar de haber sufrido todo tipo de escalabros, entre ellos, la dinamitación de la cámara a principios del siglo XX, se ha conservado en bastante buen estado hasta nuestros días”.

*1. Fuente: Paneles informativos del dolmen.

Puesta de Sol desde el dolmen

El Sol empezaba a ocultarse y los últimos rayos hay que aprovecharlos. Soy un enamorado de los atardeceres extremeños, y estamos en un lugar mágico que desprende una energía sobre natural, que pude disfrutar al máximo con mis compañeros de aventuras, haciendo lo que más nos gusta. Cuando la luz desapareció por completo y no pudimos continuar fotografiando, nos dirigimos al campamento para cenar y prepararnos para pasar la noche, que nos mantuvo en vela, parte por la emoción y parte por los mosquitos. Aunque el solsticio de verano no entraba oficialmente hasta la mañana siguiente, hora peninsular las 12:07 PM, para nosotros fue esa madrugada, llena de encanto

La temperatura era muy agradable, así que al no poder dormir, charlamos durante horas bajo las estrellas, al raso, como dicen por ahí.

Los primeros rayos de Sol se veían por el horizonte y ya estábamos preparados junto al dolmen. Las cámaras montadas en los trípodes esperaban ser disparadas en cualquier momento. Después de unos instantes, el sonido del primer “clic” de un obturador fue quien doy el pistoletazo de salida a múltiples disparos de las cámaras aprovechando los escasos momentos de la mejor luz.

Piedra encontrada en forma de hacha o herramienta de trabajo
Amanecer del solsticio de verano


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